• Kimaya

Atelier by the Sea y sus muñecas Waldorf



Mi nombre es Silvia, soy mamá de dos niñas de uno y tres años de edad y vivimos en la costa gallega, muy muy cerquita de un montón de playas paradisíacas y salvajes. El lugar en el

que vivimos sirvió de inspiración hace poco menos de un año para la elección del nombre de mi proyecto artesanal, Atelier by the Sea.



Atelier by the Sea empezó como un ¨cuaderno de aventuras¨, un diario de los inicios de mis andaduras en el mundo de la creación de muñecas Waldorf. Poco a poco me fui dando cuenta de lo maravilloso que es este mundo, fui aprendiendo y retándome, probando técnicas y dando rienda suelta a mi creatividad y, al cabo de un tiempo, para mi sorpresa, algunas personas empezaron a mostrarse interesadas por adoptar a mis muñecas


Pero vayamos paso a paso: ¿Cómo empezó todo? ¿Y por qué muñecas Waldorf?


Hace poco más de un año, mientras estaba embarazada de mi segunda hija, experimenté una explosión de creatividad. Mi cabeza no paraba de tener ideas, tantas que la mayoría no llegaron a materializarse nunca. Pero durante este tiempo me auto-enseñé a coser, empecé a crear ropita para mi hija mayor y mi entonces futuro bebé, y al mismo tiempo empecé a atreverme a crear mis primeras muñecas con ayuda de libros y, por supuesto, también de tutoriales de internet, inspirada por infinidad de artistas en Instagram. Siempre he sido una persona que disfruta creando, pero desde que di a luz a mi primera hija, me faltaban esos momentos de conexión conmigo misma, momentos que son tan difíciles de conseguir

cuando una se pasa el día entero con las criaturas. Podría decirse que aprender a coser fue mi ¨salvación¨; gracias a la costura encontré ese escape, esa manera de volver a mi centro después de días caóticos y cansados. Recuperé un trocito de mi ser que echaba mucho de menos.

Además de ser mi escape, entiendo la costura y la creación artesanal de juguetes como una pequeña revolución. En una sociedad en la que el consumismo, la sobreproducción, la explotación y el exceso nos invaden, plantarse y salirse de la rueda es revolucionario. Las noticias medioambientales y los pronósticos de futuro me aterran, muchas veces me siento triste imaginando el estado en el que nuestras criaturas tendrán que habitar la Tierra, por culpa de nuestra generación y las anteriores. Pero para mí, lamentarse y no hacer nada al respecto no es una opción. Así que, entre otras cosas, desde hace unos años me niego a alimentar a las industrias de fast fashion y de juguetes de usar y tirar. La ropa de segunda mano llena nuestros armarios y, desde hace poco más de un año, de mi máquina de

coser salen muchas de nuestras prendas y sí, también juguetes y muñecas.


Pero quizás te estés preguntando qué es lo que hace a las muñecas Waldorf tan especiales. Quizás las has visto y te preguntas por qué tienen ciertas características o por qué no es fácil encontrarlas en tiendas de juguetes.


Pues bien, para la creación de muñecas Waldorf, tradicionalmente siempre se han utilizado materiales naturales, libres de tóxicos y duraderos. Se considera que, al estar hechas con materiales ¨vivos¨ (lana, algodón, lino...) y totalmente a mano con cariño y dedicación, este tipo de muñecas también están ¨vivas¨, ya que llevan parte del alma de su creadora dentro. Hechas de lana y algodón, aportan calidez al abrazo y no suponen ningún peligro ya que son blanditas y suaves. También son famosas por la sencillez de sus caras, que de acuerdo con el pensamiento Waldorf, no deben mostrar ninguna expresión, pues son las criaturas las que durante el juego deciden si la muñeca está triste, alegre, enfadada, etc. Muchas de estas muñecas ni siquiera tienen cara, sobre todo las creadas para bebés y niñxs más pequeñxs y muchas otras tampoco tienen un género definido.


Estoy encantada de poder haber creado una pequeña colección de muñecas para Kimaya y espero que os gusten tanto a vosotrxs como a mí me ha gustado crearlas. Si tienes alguna pregunta o quieres ver algo más de mi trabajo, puedes visitar mi perfil de Instagram o muy pronto mi página web.


Un abrazo,

Silvia