• Kimaya

Mucho más que una casita de Té




Siempre he sido más de ver el vaso medio lleno y de sacarle el mayor partido a lo que me toca vivir. Tenía 17 años cuando dejé de vivir en casa de mis padres y nunca he vuelto a mi ciudad para quedarme. He vivido en muchos sitios diferentes y no siempre he podido estar para celebrar con mi familia ni participar en nuestras tradiciones.


Hasta llegar Olivia, lo sentía como la parte negativa de la vida que había elegido pero no me pesaba. A medida que Olivia crece pienso mucho en valor de las raíces y siento que algo se me escapa por estar lejos. Lejos de los míos, de los lugares y las costumbres, de los recuerdos de muchas de mis primeras veces. Y me pregunto si seré capaz de transmitirle el legado que le pertenece de la forma que merece.


Quizá por eso la historia que os voy a contar, me tocó tanto el corazón. Hoy vengo con una historia de familia para empezar el año hablando del valor de las raíces. Una historia que también habla de dar una nueva vida a lo que ya tenemos, de valorar y transmitir a nuestrxs hijxs la importancia de recibir con amor y respeto el legado de sus antepasados.

Es la historia de Marta, Sebas y sus hijxs, Beto y Uxía.


Marta y yo somos de Lugo. Nos conocimos hace muchos años en el instituto. Las dos nos fuimos fuera y nos perdimos la pista. Nos volvimos a encontrar por Instagram y descubrimos que tenemos mucho en común. Compartimos valores con respecto a la crianza y también en el cuidado por el planeta. He sentido su apoyo y su cariño sincero en todo lo referente a Kimaya y hablamos de vez en cuando sobre cosas que nos remueven. Un día me habló de su hórreo y me envió unas fotos de lo que habían hecho, me pareció tan genial que le pedí permiso para traerlo aquí.



En Galicia casi todxs tenemos una aldea y venimos del mundo rural, ese lugar donde nacieron nuestros antepasados, a donde nos llevaban nuestros padres cada fin de semana y donde crecimos rodeados de naturaleza y tradiciones. En nuestras aldeas abundan los hórreos, una construcción de uso agrícola destinada a secar, curar y guardar el maíz y otros cereales antes de desgranarlos y molerlos. Hoy en día la mayoría de ellos no tienen uso y se conservan como patrimonio arquitéctonico y cultural.


En la casa de la aldea de Marta tienen uno y ésta es su nueva vida:


"Siempre en los últimos años veníamos a Galicia a ver a los abuelos. Hace tres años fallecieron uno detrás del otro y la conexión con ellos siempre sigue viva.

Este año la pandemia nos trajo de nuevo a la tierriña. Conexión total con las raíces y gratitud infinita por su legado, sus principios y sus valores. Lo siento así ahora más que nunca, aquí en la aldea, lo tenemos todo.

Por eso desde que llegamos estamos cuidando esto. Empezamos dándole vida a la casa, después el hórreo y estas navidades estamos con la cuadra!

La motivación, la sonrisa de los bisas desde el cielo. Quizás suena cursi, pero así lo siento...Todo el rato los traemos a nuestro presente y los sentimos felices por estar cuidando todos regalos que con tanto esfuerzo consiguieron.

Beto ama la aldea. Se crió entre Lanzarote y Granada. Estos últimos meses en Lugo, pero siempre quiere venir aquí. Tiene todo lo que necesita.


El hórreo lo restauramos con mucho amor! Primero les buscamos casa en otra parte del huerto a miles de arañas de todos los tamaños...Y después, recuperamos la madera, raspando, lijando y puliendo por dentro y por fuera. Aplicamos también un aceite que la protege del frío y el calor. Dentro está el banco que era de mis bisabuelos. Es decir ¡los tatarabuelos de mis hijos! Qué fuerte y que hermoso. Lo usaban para elaborar el hilo del lino. Ese banco es ahora el mueble principal de la casita de té. También lo tratamos y restauramos. De un colchón viejo y unas maderas salió el sofá cama. La colcha y los cojines también estaban aquí. Lo único que vino de fuera fueron unas fotos impresas de Beto y los bisas y alguna de Uxía".